martes, 15 de junio de 2010

EL BRICHERO A 20 AÑOS DE SU CREACIÓN COMO PERSONAJE DE LA NARRATIVA PERUANA

Escribe: Feliciano Padilla

En noviembre de 1989, el brichero aparece inserto por primera vez como personaje de un cuento (Cazador de Gringas) en la revista “Origen” No 2 de Arqueología (UNSAAC). Al año siguiente (1990), su autor, el narrador Mario Guevara, gana el primer puesto de un concurso nacional de cuentos organizado por el semanario “Cambio” con su relato “Patrick”. En ese mismo concurso “Cazador de Gringas” del mismo Guevara ocupa el tercer puesto. “Cosas del destino”, dirían nuestros abuelos, porque con el correr del tiempo “Cazador de Gringas” logró más notoriedad que “Patrick”, ya que en 1990 aparece incluido en el libro “Fuego del Sur: Tres narradores cusqueños” hasta que, finalmente, se publica “Cazador de gringas y otros cuentos”, en 1995.

El brichero es una especie de “indian lover”, un amante cusqueño de rasgos “indígenas”, o mestizos, mínimamente; de tamaño y contextura regular, hablante del inglés y otras lenguas europeas, como la francesa o la italiana, por ejemplo. Los he visto merodear los lugares turísticos y las plazas y parques de la ciudad del Cusco, donde esperan sentados, cual cazadores furtivos, que alguna “gringa” caiga en sus garras. La “gringa” no es solo la turista norteamericana, sino, cualquier rubia inglesa, italiana, francesa, menos, la japonesa o la china. A estas últimas se las llama “chinas” solamente, que también, ya empezaron a entrar en el mercado. Con la fama que adquirieron los bricheros, parece ser que no son los únicos que salen a cazar. Las “gringas”, igualmente, llegan en busca de aventuras sexuales con un “indian lover”. Las he visto acercarse a los bricheros en la Plaza Mayor o Regocijo con el pretexto de preguntar por alguna dirección. Si el interlocutor contesta en inglés o cualquier lengua europea ya tienen el 60% asegurado de que empezarán días inolvidables de turismo vivencial con su eventual pareja. Después se las verá caminando por las calles agarradas de la mano de estos bricheros con suerte, como si fueran adolescentes enamorados o, bailando en las discotecas, pabs, o, visitando Machu Piqchu, Saqsaywaman, etc. Así no puede saberse, exactamente, quién caza a quién. Es de suponer que los bricheros, al final de la aventura, queden con buena cantidad de euros o dólares; eso sí, un poco delgados después de las agotadoras actividades a las que han sido sometidos y en las que están obligados a demostrar la sapiencia y vitalidad de su raza milenaria. Algunos bricheros aprovechan sus relaciones con “gringas” para viajar a Europa, de modo preferente.

Este es el personaje que Mario Guevara Paredes nos presentó en su cuento “Cazador de Gringas” (1989). No fue un personaje inventado, sino, solo descubierto como él mismo lo reconoce en un reportaje, no recuerdo si para El Comercio o para La Primera (ambos periódicos limeños). Pero, este cuento fue el inicio de una carrera literaria brillante porque “Cazador de Gringas y otros cuentos” ya tiene cuatro ediciones y, la cuarta edición con una reimpresión por parte de la Editorial San Marcos. El libro ha sido traducido al inglés y el cuento “Cazador de Gringas” al alemán, holandés, italiano y hebreo. A partir de estos hechos, el brichero fue llevado al teatro, al reportaje, al vídeo; es más, ha sido tema de investigaciones y artículos científicos. Dentro de poco, se estrenará en el país una película sobre bricheros bajo dirección sueco-peruana. ¡Ah!, y en el 2008 se publicó una antología de cuentos sobre bricheros con el título de “Pachamama, Club”, en la que aparecen algunos nombres de autores conocidos como Luis Nieto Degregori, Mario Guevara, Oswaldo Chanove, Jorge Flórez-Áybar, entre otros,

“Cazador de Gringas” es un cuento que recrea la historia de un brichero que tuvo la mala suerte de encontrarse con una gringa que, luego del orgasmo, es presa de una histeria compulsiva. El brichero, para hacerla callar y evitar que los hospedados del hotel escuchen aquellos gritos escandalosos intenta calmarla con algunas cachetadas. La situación empeora porque los chillidos causan un alboroto mayor hasta que la policía ingresa y conduce al desafortunado aventurero a la comisaría, donde nuestro personaje cuenta su historia desde la perspectiva de un trabajador honesto que ha tenido mala suerte.

El cuento está técnicamente bien concebido. Al inicio se observa un flash back que presenta un hecho fuera de lo común con el fin de “picar” la curiosidad del lector y de atraparlo. Una buena dosis de intriga va subiendo el ritmo de la acción que conduce a un clímax notable y concluye el texto con un final inesperado. La concisión, la brevedad y el uso de la ironía dan al cuento la consistencia que estos relatos requieren para convertirse en un cuento-cuento, en un cuento redondo. Un recurso lingüístico que ayuda al autor a otorgar la contundencia que finalmente logra el cuento es el uso de la segunda persona y un lenguaje coloquial por parte del narrador personaje. La segunda persona en la producción de esta clase de textos es oficio de narradores experimentados. Por eso, hay que subrayar este hecho tratándose de un joven que en 1989 empezaba con el ejercicio de la escritura. En realidad, se trata de una narración moderna en el sentido estricto de la palabra; de una narración donde el humor y el tono erótico campean a lo largo del relato. Otro aspecto digno de ser destacado es que el autor haya tomado una anécdota como materia prima de su trabajo. En general, la crítica espècializada menosprecia los cuentos o relatos que se originaban en anécdotas. Hace dos décadas se tenía como norma esta aserción; pero, Mario Guevara ha demostrado que cualquier tema, por más simple o chabacano que fuere sirve para escribir cuentos. El problema está en el tratamiento adecuado del asunto, en la naturaleza ficcional de la historia, en el procesamiento artístico de los datos extraídos de la realidad. Los buenos temas no están, ciertamente, en nuestros escritorios o talleres. Están en las calles, bares, mercados, billares, prostíbulos, hoteles; en el campo o en la ciudad; en la universidad o en las oficinas, etcétera. El mérito de Mario Guevara ha sido llevar un hecho cotidiano de la ciudad del Cusco a la ficción narrativa.

El brichero es el resultado de un proceso socioeconómico caracterizado por la modernización de la economía y el desarrollo del turismo en la ciudad del Cusco. El boom del turismo empieza por los años sesenta y se consolida en las siguientes décadas; sin embargo, paralelamente se produce una migración de las zonas rurales a la ciudad, lenta al principio y, masiva, después. En estas circunstancias, migrantes de las provincias cusqueñas y de otros departamentos como Apurímac y Madre de Dios enfilan hacia la ciudad con el propósito de mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Estos compatriotas luego van a verse obligados a desempeñar las más diversas actividades para insertarse en una ciudad cada vez más moderna. Las labores subsidiarias del turismo van desde las empresas grandes y medianas de hotelería, hospedaje, guía de turismo, alimentación diversa, artesanía, locales de diversión (bares, discotecas, pabs), prostíbulos, etcétera, hasta el hecho de posar con trajes típicos y al lado de camélidos bien ataviados para el recuerdo de cualquier turista varón o mujer. Son estas las circunstancias en las que aparece el brichero, el trabajador para todo servicio, de rasgos “andinos”, que habla inglés u otras lenguas europeas y que tiene que satisfacer todos los gustos de la turista para llevarse a la billetera un buen fajo de euros o dólares.

Mario Guevara ha tenido la virtud de haber incorporado un personaje de la realidad cotidiana del Cusco a la ficción. Y este es su aporte más valioso. Quizá sin habérselo propuesto, a través de ese personaje, ha desagraviado el abuso sexual de que fueran víctimas las mujeres originarias del Perú por parte de gente occidental, desde la llegada de los españoles hasta hace unas dos décadas. Es decir, no es ya el hacendado o los hijos de los hacendados los que tienen el supuesto “derecho” de poseer por la fuerza a una de sus sirvientas o colonas, sino, son los hijos de estas campesinas los que andan por las calles de la ciudad aparrados de una gringa.

Ha pasado 20 años desde la publicación príncipe del cuento “Cazador de Gringas”. Se ha escrito mucho sobre este personaje cuyo espacio no se circunscribe, ahora, solo al Cusco, sino que se ha expandido por todo el territorio; de modo que los narradores seguirán escribiendo ficciones usando a este personaje cuyo oficio, me imagino, debe ser difícil y placentero a la vez, tal como asegura el mismo personaje de este cuento de Mario Guevara:

“La gente nos ve como a bicho raro. Cuando camino por la calle bien aparrado de una gringa, al instante percibo sus miradas que dicen: ‘feo y enano y con una gringa mamacita’. Pero Ud. sabrá que no es nada fácil computar gringas. Este oficio, no se ría, aunque no crea, es un oficio como cualquier otro…” . Claro que sí, debe ser un oficio difícil, pero, valió la pena porque ahora el brichero es un personaje importante, que enriquece desde los Andes la heterogénea y riquísima literatura peruana.

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